En una sociedad donde parece que solo hablamos de juventud, de éxito, de rendimiento… nos faltan referencias de cómo envejecer bien.
Modelos de personas mayores que sean luminosos e inspiradores. Que den sentido al hacerse mayor, hasta el punto de que no queramos evitarlo, sino todo lo contrario: nos acerquemos a ello con aceptación e incluso con alegría.
Lo veo muy de cerca con mis padres, que ya tienen 85 años y aún discuten cada día. Comprendo sus motivos: traumas de la infancia, recuerdos familiares, experiencias difíciles… Y, aun entendiéndolo, es triste ver que se acercan al final de la vida en tensión. No tienen paz y no generan paz a su alrededor.
De ahí el valor de tener cerca a una persona como Swami Dayananda. Con 70 años ha venido a vivir a nuestro pequeño centro de Barcelona. Un cambio importante en su vida, que ha implicado desapego y adaptación. Nuestro centro es muy bonito, sencillo y también con ciertas incomodidades. Su actitud ha sido impecable. Nunca se queja, se adapta con naturalidad, acoge con una sonrisa radiante y con el corazón abierto. Ya no se percibe el ego de la juventud, de querer tener razón, sinó la capacidad de relativizar y saber qué es lo importante.
¿Y ella no ha tenido traumas, experiencias difíciles o dolores vitales? Claro que sí, como todo el mundo. La diferencia es que ha hecho del crecimiento interior el centro de su vida. Y todo lo que ha vivido lo ha transformado en sabiduría.
Envejecer es una etapa con sentido, no solo una pérdida. Y el yoga tiene un papel clave.